lunes, 28 de septiembre de 2009

La organización económica-social de la naciente República

Obstáculos en el camino de la organización del país

Puntos principales

-Escasa población

-Malas comunicaciones -Monocultivo ganadero

-Latifundio v desorden en la propiedad de la tierra -Producción primitiva y consumo civilizado -Balanza comercial desfavorable -Debilidad financiera del Estado -Dependencia de los impuestos aduaneros

-Gastos de guerra y, poca atención a la salud -v la educación

-Oposición campo-ciudad

-El gaucho y el caudillo -El comercio ~~ los doctores -Inexistencia de clase media -Falta de madurez política -Internacionalización de los partidos -Injerencia extranjera

El listado anterior no es exhaustivo aunque pueda parecer exagerado. Sólo quiere ser un recuento prolijo de los obstáculos iniciales y particularidades que debió superar el país para empezar su camino independiente.

Población

Empecemos por el hombre. En 1800, según Félix de Azara, la población de la Banda Oriental era de 30.000 habitantes. En un padrón de 1829, se contaban 17.000 habitantes en Montevideo, con un desequilibrio muy grande entre los sexos pues había 6.600 hombres y 10.000 mujeres (el número global incluía 2.500 esclavos).

En 1830, se estimó la población total del país en 74.000 habitantes: 14.000 (19%) en Montevideo y 60.000 (81%) en la campaña. La densidad resultante, 1 habitante cada 2.5 km cuadrados, por baja, explica la escasa urbanización, la pobre sociabilidad rural en campos casi desiertos y el debilísimo mercado interno, incapaz de sostener ninguna industria.

Sociedad

Desde el punto de vista social, el nuevo país tenía un dualismo marcado: Montevideo-campaña.

La ciudad europeizada frente a una campaña semi-bárbara, la ciudad comerciante frente al campo productor, eran rasgos generadores de un agudo antagonismo, que se tradujo en las largas luchas entre "caudillos" y "doctores".

La campaña estaba habitada por el gaucho, habituado a la libertad y con pocas necesidades para satisfacer (con más frecuencia mediante el contrabando o el robo de animales que por el trabajo, no abundante en un medio donde primaba la ganadería extensiva). La carencia de una clase media de agricultores y estancieros pequeños que diera estabilidad al medio, la soledad de los campos creada por los numerosos latifundios, la facilidad de la obtención del alimento (ganado al alcance de la mano, sin marca y sin cerco), el desorden provocado por dos décadas de guerra, el odio a la autoridad (española, porteña, portuguesa, brasileña), siempre represiva: todo ello contribuyó a crear un clima de hostilidad a la ciudad, de donde venían las órdenes, los reglamentos, las trabas a una libertad personal que se consideraba como el máximo bien, en una escala de valores reducida.

Documentos 3.1

Charles Darwin en su libro "Viaje de un naturalista alrededor del mundo" describió la situación de la campaña oriental hacia 1832

"Al día siguiente llegamos al pueblecillo de las Minas. [...] La comarca está tan poco habitada, que apenas encontramos una sola persona durante un día entero de viaje. El pueblo de las Minas aún es menos importante que Maldonado [...].

Pasamos la noche en una pulpería o taberna. Gran número de gauchos acuden allí por la noche a beber y a fuman. Su aspecto es muy chocante: suelen ser fornidos y guapos, pero llevan impresos en la cara todos los signos del orgullo y de la vida relajada; muchos de ellos gastan bigote y cabellos muy largos, ensortijados por la espalda. Sus vestidos, de colores chillones; sus grandísimas espuelas resonantes en los talones; sus cuchillos, llevados en el cinto a modo de dagas (de los cuales hacen tan frecuente uso), les dan un aspecto muy diferente de lo que pudieran hacer suponer su nombre de gauchos o simples campesinos. Son en extremo corteses; nunca beben sin pediros que probéis su bebida; pero mientras os hacen un saludo gracioso, puede decirse que están dispuestos a asesinaros si se presenta la ocasión... " .

[En: Juan E. Pivel Devoto, Alcira Ranieri de Pivel Devoto, Historia de la República..., ob. cit., p. 228].

El gaucho se expresó por el caudillo, suma de pericia y coraje, al que se adhería por admiración varonil y espontánea. Él fue centro de autoridad aceptada en el campo, tanto más cuanto se oponía o tamizaba a la que provenía de la capital. Si caudillo y gobernante eran la misma persona (Fructuoso Rivera), el Estado se hacía obedecer: si no lo era, la vida política de la ciudad y de la campaña corrían por carriles separados y con frecuencia se enfrentaban.

En la ciudad, la actividad comercial, que fue su esencia, marcó la vida económica, política y cultural. Abierta al mundo, las influencias ideológicas y de la moda europea calaron hondo en una burguesía que se iba enriqueciendo y aprendiendo a manejar el Estado a través de sus hijos doctores, como había manejado sus negocios familiares (estancia, comercio de importación, saladero, barraca, barcos). Miró a la campaña como sede de "barbarie", y al gaucho como residuo del indígena salvaje que debía desaparecer para que la "civilización', que entendía representar, se asentara definitivamente en el país. Ello implicaba orden, autoridad, sujeción a la voluntad de los hombres cultos ("los doctores") de la ciudad.

Comunicaciones

Similar era la realidad de comunicaciones y transportes. A pesar de no tener accidentes geográficos relevantes, la falta de caminos y puentes era casi total (ni pensar todavía en el ferrocarril) y durante el invierno las carretas, diligencias y hombres a caballo no podían sortear muchos ríos. Por ejemplo, el río Negro cortaba en dos a la República, y la parte norte del territorio hallaba más fácil comunicación, comercio y salida con Brasil que con su propia capital, Montevideo. Esta, todavía a mediados del siglo XIX, se comunicaba con los departamentos a través de dos correos terrestres mensuales (que trasmitían las disposiciones ordinarias del Gobierno Central). Desde el litoral, aprovechando el río Uruguay, se demoraba 48 horas en "bajar" a la capital (desde Paysandú, 400 km), mientras que la diligencia que venía de Rivera -con pasajeros agotados- demoraba 6 ó 7 días para cubrir su distancia de 500 Km.

Economía

A este primitivismo correspondía la explotación ganadera, que determinaba la estructura económica del país. A la "caza" del ganado libre ("orejano"), sucedió la estancia cimarrona, donde se imponía al animal un matiz de mansedumbre aquerenciándolo en la zona, para luego cuerearlo. Algunos estancieros introdujeron tímidas prácticas de rodeo, castración y marca, que producían vacunos destinados a los saladeros. En cualquier caso, la ganadería fue extensiva y los latifundios predominaron en el campo, desarrollando una explotación donde había un vacuno por hectárea o hectárea y media, y un hombre cada 3,4 ó 5.000 vacunos. Las guerras revolucionarias habían acentuado el desorden en la propiedad de la tierra y del ganado: ausencia de títulos, límites imprecisos, propietarios españoles emigrados que reclamaban sus tierras, donatarios artiguistas temerosos de expulsión por deber su propiedad a la Revolución, carencia o confusión de marcas de ganado; todo ello demoraría aún muchos años en solucionarse. Mientras, la que sufría era la única riqueza que tenía el país: la producción de ganado vacuno, debida, y esto debe subrayarse, a que la Naturaleza proporcionaba su sustento, pasto y agua, y no el esfuerzo del hombre.

La agricultura era mínima, pues el alimento básico y casi único en el interior era la carne vacuna. Había chacras en los alrededores de los centros poblados, y especialmente de Montevideo, que abastecían la escasa demanda de trigo y hortalizas.

La industria se limitaba a pocos saladeros que elaboraban los cueros, carne salada (tasajo) o seca (charque) y sebos para la exportación. El ganado criollo era huesudo, de cuero pesado y resistente. lo que convenía a esta primitiva industrialización. Los cueros iban a Europa, y las carnes saladas servían de alimento a los esclavos negros de Brasil y Cuba. En la Colonia se había iniciado esa inserción del comercio internacional del país y la independencia no cambiaría nada en este plano por largos años.

En 1830, la exportación fue de $ 2.500.000, de los cuales el 70% se debió a los cueros ($ 1.800.000); el 15% al tasajo ($ 400.000), y el resto a sebos, grasas y crines. El país dependía de un solo tipo de productos (los derivados de la ganadería) y de pocos compradores (Inglaterra, con $ 700.000; Brasil, con $ 400.000). Desde su origen, entonces; fue monoproductor y dependiente.

Pero si se producía en forma primitiva. Montevideo, puerto de mar y abierto a las influencias, modas e ideas europeas, ya había adoptado hábitos de consumo correspondí ente a países europeos del siglo XIX. En 1829 se importó mercadería extranjera por $ 2.500.000 y de ellos correspondieron $ 800.000 a vino español y telas inglesas. Producción primitiva y hábitos de consumo civilizados producían un desequilibrio evidente en la balanza comercial: en 1829-1830 se compró por valor de $ 5.277.000 y se exportó por $ 4.470.000. Se pagó el saldo en oro y el país comenzó a endeudarse.

Finanzas

La situación financiera del naciente Estado se correspondía con los pobres recursos del país. Ante una población escasa y- en su gran mayoría indigente, las fuentes impositivas se angostaban. La única riqueza de importancia -tierras y ganados- abonaba mínimos impuestos por la total ausencia de contralor estatal y por la fuerte oposición de los grandes hacendados a pagar.

Sólo quedó como gran recurso el comercio exterior: la situación privilegiada de un Montevideo donde entraban productos europeos para el país y buena parte de la cuenca platense (el "comercio de tránsito") y salían cueros v tasajo de las fecundas praderas uruguayas para Europa N- América. también fue aprovechada por un Estado ávido, que vivió muchos años de los impuestos de aduana. En 1829, por ejemplo, de un total de ingresos que no alcanzó a 1 millón de pesos, más de $ 700.000 correspondieron a los derechos aduaneros (78%). Atado a casi una sola fuente de ingresos, el Estado fue vulnerable a los sectores que se los proporcionaron a lo largo de todo el siglo (alto comercio”, importadores, saladeristas, barraqueros).

Si por el lado del ingreso la situación era difícil, no lo fue menos por el del egreso. El Presupuesto General de Gastos de 1831-32 ascendió a $ 700.000; de ellos, el Ministerio de Guerra absorbió los dos tercios en pago de sueldos, retiros, pensiones y armas. Es cierto que se salía de 20 años de guerra revolucionaria, que culminó con la independencia nacional, lo que explica el desmedido tamaño del ejército para los recursos del país_ pero también lo es que el sobrante para atender otros gastos del Estado (jueces. 0.06%: instrucción pública, 0,02%; salud. 0,002%) por muchos años fue irrisorio.

Revolución por la independencia

La resistencia a la anexión estalló pronto entre los orientales: el Cabildo de Montevideo y la asociación secreta de patriotas "Los Caballeros Orientales'', protagonizaron en 1823 una revolución que fracasó por falta de apoyos suficientes. Muchos debieron exiliarse en Buenos Aires, desde donde prosiguieron los trabajos revolucionarios.

Estos hallaron concreción en 1825: el cuerpo expedicionario de los Treinta y Tres Orientales, comandado por Juan Antonio Lavalleja, desembarcó en el territorio oriental el 19 de abril de 1825. Recogiendo otra vez la adhesión de gauchos y caudillos, toda la campaña los apoyó y se pudo constituir un Gobierno Provisional en Florida el 14 de junio.

Este gobierno designó a Lavalleja como jefe militar y convocó a elecciones para una Asamblea que el 25 de agosto de 1825 proclamó la independencia de la Provincia y su unión a las demás Provincias Unidas del Río de la Plata.

Frente a las victorias orientales sobre los brasileños de Rincón -setiembre- y Sarandí -octubre-, el Congreso Constituyente argentino decidió aceptar la incorporación de la Provincia Oriental, hecho que provocó la declaración de guerra de Brasil a las Provincias Unidas el 10 de diciembre. Tras el triunfo de las fuerzas provinciales en Ituzaingó el 20 de febrero de 1827, se abrieron paso las tratativas de paz, con la mediación de Gran Bretaña que se sentía perjudicada en sus intereses por la guerra en el Río de la Plata y el bloqueo brasileño al puerto de Buenos Aires.

Lord Ponsonby fue el enviado de Londres y propuso como solución la independencia total de la Provincia (medio de restablecer la paz en el Plata, que consolidaría el comercio inglés, y forma de impedir que fueran dos grandes Estados -Brasil y Argentina- los que dominaran en exclusividad el estuario del río).

Entre los autores más representativos de la primera tesis figuran: Francisco Bauzá, Juan Zorrilla de San Martín, Pablo Acevedo, Mario Falcao Espalter, Juan E. Pivel Devoto. Y entre los que sostienen la otra tesis, Eduardo Acevedo, Ariosto González. Eugenio Petit Muñoz, Washington Reyes Abadie, Alberto Methol Ferré. Oscar Bruschera.

La idea de la independencia absoluta había ganado también a muchos de los orientales, los que "no eran ni serían jamás argentinos ni brasileños". Esa solución fue la que se adoptó en definitiva por la Convención Preliminar de Paz de 27 de agosto de 1828, que tenía serios defectos porque no establecía los límites del nuevo Estado (fuente de conflictos futuros con el fronterizo Brasil) ni reconocía la voluntad independentista del pueblo oriental, al que se le "concedía" su nuevo estado.

Brasil y las provincias argentinas ratificaron la Convención e14 de octubre de 1828, y el 22 de noviembre se instaló la Asamblea Legislativa y Constituyente del Estado Oriental, que procedió a redactar una Constitución. La Constitución fue jurada el 18 de julio de 1830 y así comenzó el Uruguay su vida independiente.

La revolución artiguista

Antecedentes coloniales y revolucionarios

Bruno Mauricio de Zabala, gobernador de Buenos Aires, erigió la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo en 1724. Con familias procedentes de Buenos Aires y las Islas Canarias, traídas por el fuerte empresario Francisco de Alzáibar, se constituyó el núcleo inicial de población de la ciudad, cuyo proceso fundacional terminó el de enero de 1730, cuando se estableció el Cabildo. Ya en 1749 fue declarada plaza fuerte a cargo de un gobernador militar.

Así se afianzó la dominación española en la zona sur del territorio oriental del estuario platense, pero todavía no se había podido desalojar a los portugueses de la Colonia, ganada N arias veces por las armas de los españoles y perdida otras tantas por tratados diplomáticos que obtenía la habilidad portuguesa. La continuación de esa disputa fue uno de los motivos que llevó a la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, con el objetivo de frenar el expansionismo lusitano.

De acuerdo con el tratado de paz de San Ildefonso, del de octubre de 1777, España recibió definitivamente la Colonia v las Misiones disputadas en el norte. Pero no logró impedir que a finales del siglo los portugueses ocuparan los territorios al norte del río Ibicuy, así como las orillas de la laguna Merín, zonas también situadas dentro del territorio español.

Por ello, a la fundación de Montevideo siguió la de otros pueblos que consolidaron la implantación española en la Banda Oriental, con la existencia de cabildos en Colonia, San José, Maldonado v Soriano.

La enorme multiplicación de los ganados criados en libertad hizo que la ciudad se convirtiera desde fines del siglo XVIII en rival de Buenos Aires, concentrando un núcleo importante de comerciantes, funcionarios, militares y marinos (era la base marítima española en la región platense). En esa época ya representaba una de las plazas fuertes y comerciales más importantes de la América española, a la que la Corona concedió numerosos privilegios (entre ellos, el de la introducción de esclavos al Plata) que ahondaron la rivalidad de puertos con Buenos Aires, y fueron generando un sentimiento localista entre sus habitantes que más tarde habría de trocarse en espíritu independentista.

Pese a depender administrativamente de la Gobernación de Buenos Aires, en lo militar el gobernador de Montevideo obedecía directamente a la metrópoli. Favorecido por la declaratoria de puerto habilitado en 1778 y la prosperidad de fines del siglo XVIII, Montevideo fue por largo tiempo un centro de lealtad a España, contrario a la rebelión emancipadora que se inició en Buenos Aires y las provincias del litoral e interior, y también en la campaña de la Banda Oriental.

Fue de Montevideo que partió, en 1806, la expedición reconquistadora de Buenos Aires que había caído en manos de los ingleses; el objetivo de liberarla se logró, pero vueltos los ingleses contra Montevideo consiguieron ocuparla durante varios meses en 1807 y desde allí difundieron ideas críticas sobre la dominación española en el primer periódico publicado en la ciudad. "La Estrella del Sur'' (bilingüe). Al abandonar los invasores Montevideo, en setiembre de 1807. Francisco Javier de Elío asumió el gobierno. Pronto surgió la hostilidad (que ocultaba la rivalidad de puertos y la oposición de ideas políticas de las dos ciudades) entre este gobernador -cabeza visible del núcleo españolista- y Santiago de Liniers, Virrey del Río de la Plata, quien era sospechado de afrancesado por su origen y relaciones ambiguas con la diplomacia napoleónica (1808). El enfrentamiento condujo a la destitución de Elío por Liniers, a la rebeldía de aquél y a la formación en cabildo abierto del 21 de setiembre de 1808 de la Junta de Montevideo, primera de las creadas en América y análoga a las de España.

La Junta de Montevideo fracturó la unidad virreinal y creó un precedente peligroso de desobediencia a la autoridad real. En este sentido fue también un antecedente de la revolución independentista americana.

Poco después estalló en Buenos Aires el movimiento que instaló la Junta de Mayo el 25 de mayo de 1810, iniciándose así el proceso revolucionario en el Río de la Plata. El 28 de febrero de 1811 estalló el espíritu rebelde que se gestaba en la campaña oriental: un grupo de gauchos dirigidos por Pedro Viera y Venancio Benavídez dio el "Grito de Asencio", capturó Mercedes y desencadenó el alzamiento de los caudillos más importantes del país (Otorgués, Fructuoso Rivera, Juan Antonio Lavalleja), quienes recibieron el apoyo de los estancieros orientales cansados del autoritarismo y el fiscalismo del Montevideo españolista.

Casi simultáneamente, el capitán de Blandengues José Artigas desertó de su cargo en el ejército español y se presentó ante la Junta bonaerense para "llevar el estandarte de la libertad hasta los muros de Montevideo"; el enorme prestigio de que gozaba en la campaña oriental lo hacía la incorporación más deseada por la Junta en su intento de profundizar la sublevación del interior. Pasado a la Banda Oriental en abril de 1811, toda la campaña se le unió proporcionando los hombres para formar un ejército popular, mal armado pero con una temible caballería que pronto dominó el sur de la Banda y logró la primera victoria militar de la revolución en el Río de la Plata: la batalla de Las Piedras, el 18 de mayo de 1811. Despejado así el camino hacia Montevideo, el gobierno de Buenos Aires envió a José Rondeau con un ejército para sitiarlo, al que se unieron -en carácter de subordinadas- las fuerzas de Artigas. Con toda la campaña en manos de los patriotas, la dominación española quedó reducida al Montevideo sitiado, defendido por Elío y la escuadra española.

Ante la situación desesperada que enfrentaba, Elío pidió la intervención de Portugal, que envió un ejército de socorro. Ahora la que temió la invasión portuguesa fue Buenos Aires y, para detenerla, planeó hacer un armisticio con Elío, que no contó con el acuerdo de los orientales. Firmado el 20 de octubre de 1811, reconocía la autoridad de Fernando VII y establecía que se retirarían las tropas bonaerenses y portuguesas de la Banda Oriental en tanto que Elío veía restablecida su autoridad sobre ella.

Rechazado por Artigas y su ejército, que no querían volver a someterse a la autoridad virreinal, iniciaron una retirada del territorio de la Banda que fue acompañada por la mayoría del pueblo oriental en uno de sus más célebres episodios: el Éxodo. Hombres, mujeres y niños abandonaron sus posesiones retirándose del país junto a su recién designado "Jefe de los Orientales". Artigas.

Esas decisiones consecutivas de darse un Jefe y expatriarse fueron los primeros pasos en la formación de la conciencia nacional del pueblo oriental, que se sentía hermano de los demás pueblos platenses pero a la vez diferente y hostil a Buenos Aires, a la que imputaba dirigir la revolución en su provecho exclusivo, pretendiendo heredar a España. La rivalidad de puertos había generado el localismo, y el localismo se había transformado en la idea de la autonomía de cada pueblo del ex-Virreinato en un pie de igualdad con los demás.

A partir de este momento se acentuarían las profundas diferencias entre los bonaerenses v los orientales, que alcanzaron nivel doctrinario y político en 1813, cuando Buenos Aires convocó a los diputados de las distintas provincias para integrar una Asamblea General Constituyente. Los orientales se reunieron en el llamado Congreso de Abril (5 de abril de 1813) e impartieron a sus diputados allí elegidos las instrucciones que debían llevar a Buenos Aires: las propuestas fundamentales eran: independencia, república, democracia liberal y federación. La primera significaba la ruptura total con España; la segunda y la tercera, el establecimiento de un sistema de gobierno similar al de Estados Unidos; la cuarta, el reconocimiento de la "soberanía de los pueblos" a través del establecimiento de un gobierno autónomo para cada provincia y otro central compuesto por delegados de todas ellas.

Estas llamadas —Instrucciones del Año XIII- revelaban un pensamiento decididamente antagónico al dominante en el núcleo dirigente de Buenos Aires, cuyas tendencias monárquicas y centralistas desmentían punto por punto las aspiraciones orientales, que eran también las de otras provincias del ex-virreinato. Esta colisión de ideologías e intereses provocó el rechazo de los diputados artiguistas por la Asamblea Constituyente, y la retirada de Artigas con su ejército del sitio de Montevideo (20 de enero de 1814), dejando debilitadas a las fuerzas bonaerenses de Rondeau que lo habían restablecido pocos meses antes y lo proseguían. Deseosa de acabar con el poderío español concentrado en Montevideo, formó Buenos Aires una escuadra que derrotó a la española en el Buceo el 17 de mayo de 1814; este hecho obligó al gobernador español a capitular y hacer entrega de la ciudad al nuevo comandante bonaerense Carlos María de Alvear (junio de 1814).

Buscando la entrega de la ciudad a las fuerzas orientales. Fructuoso Rivera, lugarteniente de Artigas, derrotó en la batalla de Guayabo (enero de 1815) a los bonaerenses. Así, las fuerzas orientales pudieron entrar a Montevideo a fines de febrero. Entonces se consolidó el primer gobierno autónomo en todo el territorio de la Provincia Oriental, dirigido por Artigas y un Cabildo Gobernador elegido popularmente, que desarrollaron una activa labor económica, administrativa y cultural.

Una de las medidas de gobierno más destacadas fue el "Reglamento provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de la campaña y seguridad de sus hacendados" (10 de setiembre de 1815), que estableció normas para la recuperación económica de la provincia -devastada por la guerra- y para la inserción del habitante de la campaña, el gaucho, en el sistema ganadero antes monopolio de los latifundistas. Dispuso la quita de las tierras a los enemigos de la revolución: emigrados, "malos europeos y peores americanos", para distribuirlas entre los no propietarios con la prevención de que "los más infelices serán los más privilegiados". "En consecuencia, los negros libres, los zambos de igual clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancias si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y a la de la Provincia". "Serán igualmente agra-ciadas las viudas pobres si tuvieran hijos y serán igualmente preferidos los casados a los americanos solteros y éstos a cualquier extranjero". Los beneficiarios recibieron tierra (7.500 ha), ganados y una marca que señalaba su propiedad sobre ellos. Como el Reglamento implicaba un cuestionamiento del derecho de propiedad, provocó temor y resistencia en las clases ricas orientales, las que se fueron separando del Caudillo por su radicalismo.

La casi inmediata invasión portuguesa en agosto de 1816 dificultó la aplicación del Reglamento, pero éste reveló tendencias al igualitarismo social bastante insólitas en el marco generalmente conservador del movimiento independentista hispano-americano, con un solo punto de comparación en el México contemporáneo de Hidalgo y Morelos.

Simultáneamente con su gobierno de la Provincia Oriental, Artigas difundió sus ideas federales entre las provincias del Litoral e Interior argentino, algunas de las cuales lo reconocieron como su representante frente al absorbente centralismo bonaerense proclamándolo "Protector de los Pueblos Libres" y encargándolo de la dirección de la política de todas ellas en relación con la ciudad capital.

El federalismo artiguista

"Su dogma central era la soberanía de los pueblos: pero esos pueblos no eran compartimentos estancos. [...] A pesar de la desunión que implicaba las enormes distancias, las dificultades de transporte y comunicaciones, los accidentes geográficos, eran pueblos de la misma cuna y de la misma lengua, con la misma religión y el mismo acendrado hispanismo en lo cultural. [...] Se imponía la conciliación entre las soberanías particulares de los pueblos y la unión de esos pueblos con un mismo origen y un mismo destino. La fórmula evidente para resolver la aparente contradicción era el federalismo. Unidad supraprovincial y respeto por la autonomía de las regiones. O sea, que constituía la única fórmula política que permitía la integración de las dispares economías provinciales. [...] Artigas les ofreció a las provincias tantas ventajas cuantos inconvenientes encontraban en Buenos Aires: salida al mar, libertad comercial, igualdad provincial, reparto de las rentas aduaneras. No fueron éstas meras promesas se concretaron en reglamentos, disposiciones y acciones".

[José P. Barrán, Benjamín Nahum, Bases económicas de la Revolución Artiguista, Montevideo, Ed. de la Banda Oriental, 1964, pp.66/67].

Así se formó la Liga Federal, integrada por Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Santa Fe, Córdoba y la Provincia Oriental. El constante crecimiento de su influencia y prestigio atemorizó tanto a Buenos Aires (por su federalismo) como a los portugueses (por su republicanismo). y en agosto de 1816 estos últimos invadieron la Provincia Oriental (con la complicidad o consentimiento tácito de Buenos Aires), con la intención de destruir al caudillo y su revolución. Vencidos Artigas y sus lugartenientes por la superioridad numérica y material de los portugueses comandados por Carlos Federico Lecor, Montevideo fue ocupada el 20 de enero de 1817, pero la lucha continuó por tres largos años en el medio rural.

Indignado ante la pasividad de Buenos Aires. Artigas le declaró la guerra al tiempo que enfrentó a los portugueses con ejércitos que se vieron diezmados por sucesivas derrotas. No obstante, sus subordinados como integrantes de la Liga Federal, Francisco Ramírez, gobernador de Entre Ríos, y Estanislao López, gobernador de Santa Fe, consiguieron llevar una campaña victoriosa contra los centralistas bonaerenses que pareció implicar el triunfo del federalismo. Pero la esperanza duró poco porque ambos caudillos entraron en acuerdos con Buenos Aires que desnaturalizaban la prédica artiguista, se rebelaron contra él y lo dejaron solo para ser aplastado por los lusitanos.

Ya sin recursos y sin hombres aptos para la lucha, que fue casi de exterminio, Artigas se retiró al Paraguay en setiembre de 1820 y desapareció de la vida política de la región.

Dueño Lecor de la situación militar en la Provincia Oriental, convocó un Congreso en Montevideo en julio de 1821. Este Congreso votó la incorporación de la provincia a Portugal con el nombre de Cisplatina. Proclamada la independencia de Brasil en 1822, la guarnición portuguesa de Montevideo entregó la ciudad a los brasileños, comandados por el mismo Lecor, en febrero de 1824.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Trabajando las preguntas para el examen

Las tareas de argumentación remiten algunas veces al manejo de conceptos (como hemos visto) y otras al manejo de vínculos causales entre conceptos y acontecimientos históricos. Los argumentos relativos a los vínculos causales, que son más complejos que los relativos al manejo de conceptos, consisten en tratar de establecer una relación verosímil entre dos o más acontecimientos. En general están relacionados con las expresiones ‘motivos’, ‘causas’, ‘antecedentes’, ‘herencias’, ‘consecuencias’, ‘efectos’, ‘sombras’, ‘perduraciones’, ‘repercusiones’, etc. En muchas consignas la relación no es explícita, y se formula por una ‘y’ o una ‘e’ (como en el caso de ‘Desarrollo tecnológico e industrialización en el siglo XIX’, por ejemplo). Muchas veces las consignas demandan relaciones que no necesariamente son de causalidad.

Al igual que en el caso de los argumentos relativos al manejo de conceptos, lo que cuenta a la hora de la calificación es:

por un lado la pertinencia y la variedad de la información y conceptos manejados,

y por otro la forma del argumento, es decir, la manera en que los conocimientos se relacionan para llegar a la conclusión.

Los argumentos relativos a la causalidad deben reconstruir los vínculos existentes entre dos acontecimientos, por ejemplo el desarrollo tecnológico y el desencadenamiento de la revolución industrial, etc.

Veamos una práctica.

Argumente a favor de la siguiente afirmación:

a) ¿Cuáles fueron los factores que desencadenaron en la independencia absoluta del Uruguay?

b)¿Cómo negociaron los orientales para obtener la independencia absoluta?

c) ¿Qué relación existe entre la culminación de la guerra grande y la independencia de la provincia oriental y los beneficios existentes para cada Estado?

d) ¿Cuáles eran las fuerzas de la Provincia Oriental a finales de 1825 y los interéses predominantes?

e)¿ Cuál fue el vehículo para que la Provincia Oriental surgiera como nación independiente?

f)¿Cuál era la estrategia de Lavalleja al huir hacia Buenos Aires?

g)Cuando Brasil le declara la guerra a las Provincias Unidas, ¿incluye a la Provincia Oriental?; en el caso, ¿por qué?

h)¿quiénes integran las provincias unidas en 1825?

i)¿CUÁLES FUERON LOS DOS FACTORES QUE FAVORECIERON A LA INDEPENDENCIA DEL URUGUAY?

j)¿Por qué y qué sucede luego de que Brasil le declara la guerra a las Provincias Unidas en Diciembre de 1825?

k) ¿ QUIÉN FUE EL PRIMERO EN REVIVIR LA IDEA DE LIBERACIÒN QUE DEJO LATENTE ARTIGAS?

l) ¿Qué factores influyeron en la independencia de Uruguay?

m)¿En qué ayudo la falla de la estrategia, por parte de Rivadavia, Y la vivesa de Rivera.?

n)¿Qué motivos tenian los estancieros de Bs. As. para financiar la expedición?

Escribe la afirmación que vas a argumentar.

Primer paso: tener claro cuáles dos o más elementos han de ser vinculados y de qué manera. Esto quiere decir que hay que vincular el elemento (a) con el o los elementos (b) (c) .... (n).

Segundo paso: tener claro qué clase de relación se puede establecer entre ellos, a saber, que si no hubiera existido el elemento (a), tal vez, los elementos restantes no hubieran tenido la necesidad de demostrar nada.

Tercer paso: ver en qué se apoyan los textos manejados en clase.

Estos pasos son más lógicos que otra cosa. En la redacción final no hay por qué seguir este orden. Lo importante es poder apreciar la forma en que el razonamiento se desarrolla hasta llegar a la conclusión.

LA BANDA ORIENTAL EN EL SIGLO XVIII

El Uruguay anterior a su descubrimiento por los españoles en 1516, estaba poblado por unos pocos millares de indígenas a los que el conquistador europeo llamó charrúas, minuanes, bohanes, guenoas, yaros, chanaes y guaraníes; pueblos que también se extendían por los vecinos Argentina y Brasil.
La macro etnia charrúa, mayoritaria, tenía el nivel cultural de los cazadores superiores; los chanaes practicaban también una agricultura incipiente; los enclaves guaraníes conocían formas algo más avanzadas de la agricultura. Pero todos ellos eran fundamentalmente cazadores, canoeros y pescadores. Algunos escasos restos arqueológicos testimonian la práctica de cerámica decorada así como el tallado de la piedra.
La llegada de los europeos y del ganado vacuno y caballar que estos abandonaron a comienzos del siglo XVII en territorio uruguayo, modificaron el hábitat, la demografía y las costumbres de esos indígenas. Convertidos en diestros jinetes cazadores de vacas, terminaron diezmados por la viruela y la persecución del hombre blanco por cuanto su cultura los torno hostiles a las formas de trabajo que trajo el conquistador español.
La tradición historiográfica afirma ser el año 1831 aquel en que desaparecieron los charrúas como entidad demográfica de cierto peso, cuando fueron aniquilados por las tropas del primer gobierno republicano del Uruguay independiente, esa destrucción no impidió que la sangre indígena penetrara en capas de cierta importancia de la población campesina del país, en particular guaraní proveniente del territorio que ocuparon las Misiones Jesuíticas. De cualquier modo, el llamado "exterminio de los indígenas en Salsipuedes" (1831) fundó el mito del Uruguay europeo y blanco que las clases dirigentes del país siempre alimentaron, tanto más cuanto la inmigración transcontinental fue, en efecto, la bases del crecimiento demográfico uruguayo.
La Banda Oriental, designación que los españoles dieron al territorio uruguayo, fue una región de colonización tardía, contemporánea sobre todo de la España de los Borbones en el siglo XVIII. Se pobló por tres motivos fundamentales: la calidad de su pradera natural combinada con la multiplicación del ganado abandonado por los españoles en sus llanuras; las ventajas de Montevideo como único puerto natural del Río de la Plata; y la condición de territorio fronterizo en permanente disputa entre las coronas de España y Portugal.
Las ciudades y villas tuvieron a menudo su origen en la lucha hispano-portuguesa, por ejemplo el primer establecimiento europeo importante, la Colonia del Sacramento portuguesa en 1680, o el Montevideo español fundado entre 1724 y 1750. El carácter de frontera móvil del territorio influyó también en su economía - facilitando el contrabando y la burla del monopolio comercial español - y en la sociedad, ambientando en sus pobladores la actividad ecuestre y el oficio de las armas.
La pradera natural y el ganado vacuno y caballar sin dueño ganaron la estancia - predio dedicado a la ganadería y productor de vacunos - y el estanciero, la figura dominante del medio rural.
Hacia 1700-1800 aparecieron los saladeros que convertían a parte de la carne vacuna de esas estancias en tasajo. Este era carne salada, dura y magra, por lo que la consumían al comienzo sólo los esclavos de Cuba y Brasil. Los saladeros eran una mezcla de estancia e industria asentada en Montevideo. Aunque en 1832 incorporaron la máquina de vapor para producir grasas, la elaboración del tasajo sólo requería la habilidad manual del gaucho enlazador del ganado casi salvaje y la diestra artesanía de los peones - hasta 1830 casi todos esclavos negros - cortadores de carne en finas lonjas que luego se salaban y apilaban durante dos o tres días. Luego se practicaba el secado de la carne salada tendiéndola al sol. Esta industria eran en suma una manufactura.
Por el puerto de Montevideo se comerciaba legalmente con España y Buenos Aires (desde 1779), e ilegalmente con el Brasil portugués y las naves europeas que arribaban "forzosamente" a sus playas. Esa actividad generó una renta suficiente para mantener tanto a la burocracia española que gobernaba la Banda Oriental, como a los ricos comerciantes que integraban el cuerpo municipal llamado Cabildo, única e imperfecta escuela de gobierno propio a la que "criollos" tenían acceso. La Banda Oriental formaba parte del Virreinato de Buenos Aires desde su creación en 1776 y una importante zona adyacente lo integraba como Gobernación.
La población - 30.000 habitantes hacia 1800, una tercera parte en Montevideo - estaba dividida tal vez con más claridad en regiones y en razas que en clases. Montevideo era sede del poder español y de la sociedad jerarquizada en razas y clases. Comerciantes, prestamistas, estancieros ausentistas y altos funcionarios, formaban una clase alta que todavía olía a los orígenes humildes de sus antepasados canarios, vascos y catalanes. Pequeños tenderos, pulperos, militares y funcionarios de baja graduación, y artesanos, integraban un esbozo de clase media. Debajo de todos, el tercio de la población era negra y esclava.
El Interior, el medio rural, era el mundo donde todas las distinciones sociales, que existían tendían a desdibujarse o a amalgamarse con otros rasgos de la economía y de la cultura hasta hacerse muy singulares. Los estancieros latifundistas habían expulsado a anteriores ganaderos más pobres y menos influyentes ante las autoridades españolas. La mayoría de los grandes estancieros no poseían su tierra con títulos de propiedad perfectos.
Muchos sólo habían iniciado el trámite para adquirirla en Buenos Aires y lo habían abandonado, cansados por las demoras de la burocracia borbónica, así como disgustados por su costo que siempre superaba al precio de la tierra. Otros habían pagado tierras a la corona española dentro de determinados límites. Esas estancias, una vez medidas, resultaban tener una superficie mucho mayor que la abonada. Todos estos hechos tornaron a los estancieros dependientes de las resoluciones del Estado español primero y republicano después.
En ese Interior abundaba la población errante, a veces mestiza. La vida era fácil y el alimento casi único y esencial, la carne era gratuito. Este hecho se explica porque la producción era infinitamente superior a una demanda reducida al escaso mercado interno y a los limitados mercados externos cubano y brasileño. La Banda Oriental, con tal vez 6 millones de vacunos y medio millón de yeguarizos, poseía el mayor número de cabezas vacunas y equinas por habitante en el mundo. El "proletariado" rural - el gaucho- era ecuestre (hasta los mendigos andaban a caballo en Montevideo), y tenían el alimento siempre asegurado. Preguntado uno de los líderes de la Revolución de 1811 acerca de sus medios de vida respondió que "cuando necesitaba una camisa se conchavaba" (empleaba), y si no, "paseaba". Para estos campesinos, el trabajo era una opción, no una necesidad. Los latifundistas observaban con fastidio a una mano de obra independiente, que sólo trabajaba cuando el Estado perseguía de tarde en tarde a los "vagos".
Existían tensiones. La autoridad española impedía a los estancieros la libre venta de sus cueros a los comerciantes ingleses y portugueses, y demasiado a menudo los amenazaba con cobrarles las tierras que detentaban. Así lo hizo, por ejemplo en agosto de 1810, meses antes del estallido de la Revolución por la Independencia en febrero de 1811.
A comerciantes y ganaderos molestaba la sujeción a las autoridades políticas, judiciales y mercantiles (Virrey, Real Audiencia y Tribunal del Consulado), residentes en la vecina, competidora y envidiada ciudad de Buenos Aires.
Los gauchos e indios odiaban todas las medidas que provenían del Cabildo de
Montevideo o de su Gobernador en procura de la contención del contrabando, la persecución de los "vagos", o la expulsión de los pequeños terratenientes de las grandes estancias. Este último punto había generado resentimientos fuertes. Los pioneros ocupaban los campos, sujetaban a rodeo el ganado abandonado y bravío, construían ranchos y corrales, combatían las incursiones de portugueses y la indiada sobre sus tierras. Y cuando la región se tornaba habitable, aparecía el favorito de Gobernadores y Virreyes, o el rico comerciante bonaerense o montevideano que había comprado esas tierras y lograba una orden de expulsión de los pioneros. Todo el Uruguay se había colonizado así en cuatro o cinco oleadas sucesivas de pioneros que luego habían sido declarados "intrusos" por la autoridad colonial.
Todos estos resentimientos internos y externos (contra España y Buenos Aires),
estallaron en 1811, cuando se aflojaron los lazos del control colonial ante la invasión francesa a la metrópoli.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Clase del 7 de setiembre

REVOLUCIÓN CONTRA EL RÍO DE LA PLATA INDEPENDENCIA DE URUGUAY

La revolución engendró más revolución, y la independencia se alimentó de sí misma. Mientras el interior del Río de la Plata desafiaba la política unitaria de Buenos Aires, las provincias de la periferia rechazaban cualquier asociación con el nuevo estado y buscaban sus propias soluciones políticas. El éxito de Uruguay, Paraguay y Bolivia en declarar su independencia fue en parte producto de su aislamiento tras los ríos, desiertos y montañas, y de la incapacidad de Buenos Aires para enviar fuerzas militares suficientes contra ellas. Pero su origen real procedía de la convicción de que sus intereses no podían realizarse dentro de las Provincias Unidas y necesitaban de la autodeterminación. Persiguiendo este objetivo la prueba más dura la sufrió Uruguay.

La Banda Oriental, situada entre el río Uruguay y el Atlántico, era un país poco poblado y escasamente urbanizado cuyo principal recurso era el fértil y regado suelo de sus ondulantes praderas, que hicieron de ella durante el período colonial la más-rica reserva ganadera de la totalidad del Río de la Plata. Tenía poco más de cuarenta mil habitantes en 1810, muchos de los cuales eran gauchos nómadas de origen mestizo y mulato, cuya principal actividad era la caza de ganado salvaje . Durante el siglo xviii, la tierra y la gente empezaron a ser controlados de modo creciente. La expansión de la industria ganadera dio origen a una nueva y poderosa clase terrateniente, nacida en parte de los intereses locales y en parte de los recientes y vigorosos inmigrantes procedentes del norte de España; estos grupos se enriquecieron con las concesiones de tierra que dividieron el país en una serie de grandes estancias basadas en el trabajo de gauchos y de esclavos. Los Durán, Martínez de Haedo, Alzáibar, Viana, Arias, Villanueva, Rivera y García de Zúñiga eran algunos de los miembros de la nueva aristocracia, propietarios de inmensas fincas, patriarcales y autosuficientes .El desarrollo rural también atrajo a más comerciantes a la provincia, muchos de los cuales eran peninsulares, que se convertieron en exportadores de cueros y carne salada, constructores de barcos y tratantes de esclavos. Los comerciantes tenían tendencia a explotar a los productores rurales y supusieron un elemento de antipatía hispanocriolla. Pero no había una gran separación de intereses entre el comercio y la tierra: muchos comerciantes invertían en tierras, y un número de estancieros de éxito emplearon sus activos en el tratamiento de cueros, saladeros, navegación y comercio .

En el sistema imperial español la Banda Oriental tenía un triple significado, estratégico, político y comercial. Su importancia estratégica residía en su posición dominante en la entrada al Río de la Plata, desde donde podía controlar el tráfico de dentro y de fuera de este gran complejo fluvial. Era, además, un amortiguador entre Brasil y Río de la Plata, y por tanto objeto de intensa competencia entre Portugal y España. Por el lado español era de particular interés para Buenos Aires, primordialmente como fuente de recursos ganaderos, siendo considerada «como una especie de gran estancia arrendada por Buenos Aires» . La situación de la Banda Oriental, y el vacío de su frontera del norte, invitaban también a la intervención portuguesa -cuatreros en busca de ganado, comerciantes buscando mercado-, y ello forzó a España a preocuparse por la provincia. La portuguesa Colonia do Sacramento, fundada en 1680 en la orilla norte del Río de la Plata, era tanto un centro de contrabando como un avanzado puesto imperial, y se convirtió en una activa amenaza contra los intereses españoles. España replicó fundando Montevideo en la década de 1720. Era ésta una base defensiva que eventualmente daría una capital a la zona. La defensa se fortaleció más en 1776, con la creación del virreinato del Río de la Plata y la retirada de los portugueses de Colonia do Sacramento. El estatuto virreinal realzó la posición de Buenos Aires y la hizo más sensible al creciente poder de Montevideo. Este último se convirtió en un eslabón vital para la defensa imperial y en un importante centro administrativo; inevitablemente se convirtió también en la capital de la Banda Oriental y adquirió identidad política. Ahora tenía su propio gobernador, aunque estuviera subordinado al gobernador de Buenos Aires y, desde 1776, al virrey.

El papel comercial de Montevideo anduvo parejo a su crecimiento político. Incluso durante el régimen de puerto cerrado su actividad de contrabando le quitó comercio a Buenos Aires y despertó el resentimiento de los comerciantes españoles de allí. Pero el crecimiento del comercio legítimo desde 1778, cuando Montevideo pudo participar en los beneficios del comercio libre, supuso una prosperidad mayor para el puerto y la hostilidad de Buenos Aires. Montevideo ahora disfrutaba de comercio directo con España y de comercio intercolonial en las Américas; consiguió aduanas propias y funcionarios del tesoro . Por supuesto, Montevideo tenía ventajas naturales sobre Buenos Aires en la competencia por los mercados europeos y americanos: tenía un muelle, estaba cerca del Atlántico, además de ser el primer puerto de escala, y tenía un hinterland rico en productos exportables procedentes de la estancia y del saladero. Buenos Aires era muy consciente de esta competencia e intentó reducirla; mientras que la implantación de un consulado en 1794 hizo avanzar sus propias demandas monopolistas, Buenos Aires denegó todas las concesiones a Montevideo e incluso rehusó autorizar mejoras en su puerto .La explotadora política «colonial» parecía llegar a 1a Banda Oriental no directamente desde España, sino desde Buenos Aires. Montevideo miraba hacia el poder imperial para que la protegiera de los intereses sectoriales de su inmediata metrópoli del otro -lado del río. Y las peticiones de concesiones comerciales se acompañaban con peticiones de autonomía administrativa: en 1807 Montevideo pidió que, como premio por los daños sufridos y servicios prestados durante las invasiones británicas, se le asignaran una intendencia y un consulado, esto es una unidad administrativa y una institución económica separadas de Buenos Aires . Esta petición no le fue concedida, pero en 1808 el gobernador de Montevideo, Francisco Javier -Elío fue nombrado gobernador de toda la Banda Oriental, un cargo nuevo y de importancia. Entretanto, después de seis meses de ocupación y de comercio británico, Montevideo era contraria a volver a su situación de satélite dependiente de Buenos Aires y de los monopolistas del otro lado del río.

La rivalidad entre Buenos Aires y Montevideo, por lo tanto, tenía una larga historia y procedía de un choque de intereses. Era casi inevitable que en 1808 cada una de ellas reaccionara de modo diferente ante las noticias de la crisis de gobierno en España, y que la latente rivalidad estallara en una abierta hostilidad. Montevideo, bajo el mando de Elío, «un español a la antigua completamente fiel a la causa de la madre patria», reconoció inmediatamente los derechos de Fernando VII en España, mientras que en Buenos Aires Liniers dudaba . En 6-7 de septiembre Elío exigió la retirada de Liniers. Junto con la exigencia portuguesa de cesión de la Banda Oriental al Brasil, esto dio a Buenos Aires la impresión de traición . De esta manera prevaleció la sospecha mutua, Montevideo creyendo que Liniers iba a venderse a Francia, y Buenos Aires que Elío era un instrumento de Portugal. Cuando Liniers intentó deponer a Elío, Montevideo se resistió, convocó un cabildo abierto, y éste se convirtió en una junta de gobierno bajo la presidencia de Elío, siguiendo el ejemplo español. De esta manera Montevideo afirmó su lealtad a España, y su emancipación de Buenos Aires. Las hostilidades entre los dos puertos empezaron en el mar, porque cada uno de ellos intentó bloquear al otro y competir por el comercio británico.

La revolución de Buenos Aires no podía ser la revolución de Montevideo. Hubo una breve y superficial reconciliación entre los ,dos rivales en 1809 con la llegada del nuevo virrey, Cisneros, pero éste era más aceptable para la realista Montevideo que para la disidente Buenos Aires. Y pronto perdió el apoyo de Montevideo al destituir al incontrolable Elío. Nunca tuvo el apoyo de los criollos de Buenos Aires y fue depuesto por ellos en mayo de 1810. Pero Montevideo rehusó aceptar la revolución de mayo. En primer lugar, ésta llegó en forma equivocada. Los revolucionarios de Buenos Aires requirieron a Montevideo para que reconociera su junta. ¿Pero por qué tenía que ser excluido el pueblo de Montevideo de la reversión de la soberanía exigida por Buenos Aires? ¿Por qué no podía decidir por sí mismo? ¿Porqué, después de haber buscado durante tanto tiempo liberarse de Buenos Aires, tenía ahora que sometérsele? . De este modo Montevideo rechazó el requerimiento y decidió reconocer al consejo de regencia en España. La única manera de conseguir la independencia de Buenos Aires era, al parecer, la lealtad a España. Éste era el dilema de los criollos. Para ellos la lealtad a España era sólo un medio para un fin, la emancipación de Buenos Aires. Pero esto significaba que Montevideo y la Banda Oriental serían colocados bajo el gobierno de los partidarios de España, cuando en el resto del Río de la Plata el movimiento de independencia crecía en ímpetu. Al ocurrir esto, los criollos de Montevideo se encontraron en una falsa posición. En este punto la resistencia a Buenos Aires era una victoria para los realistas más que para el partido criollo de Montevideo.

Hubo algunos que se dieron cuenta de esto, entre ellos José Gervasio Artigas, un caudillo gaucho, cuya carrera hasta entonces había sido una mezcla curiosa, puesto que vivía en la ilegalidad y al mismo- tiempo era un funcionario ejecutor de la ley. Artigas había nacido en una familia de terratenientes y militares criollos en Montevideo, y empezó su vida como fiero líder de gauchos malos, una banda de cuatreros y contrabandistas que operaban cerca de la frontera brasileña . Aprovechando su experiencia se alistó en una fuerza oficial española, el Cuerpo de Blandengues organizado para limpiar al país de forajidos y de contrabandistas. Esta experiencia le valió para ampliar su conocimiento del campo, la frontera del norte y la penetración portuguesa. En 1810 era un hombre de cierta categoría en la Banda Oriental y un reconocido líder gaucho. En febrero de 1811 se unió al movimiento de independencia en Buenos Aires, y la junta le proporcionó una pequeña fuerza para ayudar a llevar la revolución a la Banda Oriental.

Ahora el frente político de la Banda Oriental se había roto. Y las divisiones se habían hecho mayores debido a dos importantes factores. En primer lugar, el elevado costo dé la administración del país como provincia separada y base española tuvo que sostenerse aumentando los impuestos sobre la propiedad y el comercio. Esto provocó represalias. Una medida financiera en particular provocó un gran resentimiento entre la clase de los estancieros. El gobierno de Montevideo ordenó a todos los estancieros a mostrar los títulos de propiedad de sus tierras. Y los que no pudieran hacerlo tenían que pagar el precio de compra de su finca, o ésta era subastada como propiedad real . En segundo lugar, la presión sobre la Banda Oriental aumentó cuando Elío volvió como virrey a principios de 1811. Para reforzar la política financiera del gobierno, el interior tuvo que ser dominado por las tropas españolas. Ahora la Banda Oriental se dio cuenta precisamente de lo que era: una colonia ocupada . Esto no era autonomía. Y en febrero, con prisa indecente, Elío declaró la guerra a Buenos Aires.

Ésta fue la chispa que prendió fuego al verdadero movimiento de independencia de la Banda Oriental. La oposición política ya había sido preparada por grupos de intelectuales, hombres de leyes y clérigos, dentro y fuera de Montevideo. Pero la columna vertebral de la revolución estaba en el campo, donde los estancieros y sus seguidores gauchos se alzaron para unirse a Buenos Aires en oposición contra España. En el remoto rincón sudoeste de la provincia un pequeño ejército gaucho mandado por caudillos rurales se reunió y lanzó el grito de Asencio (26 de febrero de 1811), que inició la revolución. El movimiento se extendió rápidamente por toda la provincia y recibió refuerzos de fuera: Belgrano envió tropas de los restos de su abortada expedición al Paraguay; Buenos Aires envió una fuerza mandada por José Rondeau .Y Artigas, cruzando desde Entre Ríos con su propio destacamento, llegó para tomar el mando de la vanguardia de las fuerzas patriotas; éstas derrotaron a los españoles en un importante encuentro en Las Piedras y empezaron a presionar sobre Montevideo.

La base de poder del movimiento de Artigas era la clase de los estancieros, la mayoría de los cuales, directa o indirectamente, apoyaban la revuelta de 1811. Los Durán, García de Zúñiga, Barreiro, Gregorio Espinosa y muchos otros trajeron consigo a sus peones y sus recursos para la causa revolucionaria y la apoyaron en los años siguientes. Tenían sus razones para hacerlo; ésta era su respuesta a las pesadas exigencias de impuestos de Montevideo para la guerra contra Buenos Aires y a la nueva revisión de los títulos de propiedad de la tierra que las autoridades españolas querían imponerles. Pero su propio interés coincidía con los intereses de su provincia y con el patriotismo de su líder. Confiaban en Artigas debido a sus orígenes como estanciero y porque sus éxitos militares de antes de 1811 habían llevado la ley y el orden al campo, una causa que era la suya. Sin embargo, Artigas recibió poco apoyo de los comerciantes de Montevideo; españoles por nacionalidad o por simpatía, apoyaban la causa realista esperando recompensas monopolistas. Por el momento tenían pocas opciones. Montevideo era el centro del poder de Elío; desde allí él controlaba y mantenía el dominio del mar, lo que le permitía recibir abastecimientos y refuerzos y hostigar a Buenos Aires. Y para recobrar su posición por tierra jugó con otra posibilidad: la cooperación con Portugal.

Los objetivos de Portugal en el Río de la Plata eran inteligibles, aunque brutales. Abiertamente quería simplemente restaurar la estabilidad en la zona para impedir desórdenes revolucionarios que subvirtieran su posición en Brasil. En realidad, Portugal quería explotar la inestabilidad para extender el Brasil hasta las orillas del Río de la Plata y aumentar con una gran riqueza y poder su imperio. Elío confundió la propaganda con la verdad. Acorralado en Montevideo, creía que podría hacer un llamamiento a Portugal para someter a los insurgentes alzados contra su aliada España, y luego persuadirle para que se fuera . Se equivocó totalmente. En la segunda mitad de 1811 un ejército portugués avanzó hacia el sur, penetró profundamente en la Banda Orienta! y dio señales de querer quedarse. Como era predecible, esto produjo diversas reacciones por parte de los patriotas en Buenos Aires y en la Banda Oriental. Buenos Aires prefería conservar la provincia intacta incluso bajo el gobierno de Elío con tal de que Portugal no se apoderara de ella. Artigas y sus revolucionarios consideraban esto como una venta a Elío y a los realistas españoles. Sin embargo, el miedo a Portugal hizo que Montevideo y Buenos Aires firmaran un tratado de armisticio (20 de octubre de 181l), uniendo a ambas y entregando la Banda Oriental a Elío, como preliminar para conjuntar esfuerzos para expulsar a los portugueses. Y Artigas no fue consultado.

Este armisticio dejó clara una cosa para Artigas: comprendió que no había lugar para él ni independencia para su provincia en la política de Buenos Aires, y que los intereses provinciales eran muy distintos que los de esa ciudad. Recibió así una valiosa lección para el futuro. Por el momento, ¿qué podía hacer? Artigas, que acababa de ser aclamado por sus seguidores jefe de los orientales, emprendió una retirada a través del río Uruguay hacia Entre Ríos. Fue una retirada memorable, un triunfo en la derrota. Artigas salió de su patria con 4.000 hombres. Le seguían además 4.000 civiles, temerosos de las represalias españoles y de la brutalidad portuguesa, un pueblo que buscaba la independencia en el exilio, dejando tras de sí una tierra quemada y un campo vacío . Este gran éxodo del pueblo oriental tuvo una profunda significación en la historia de Uruguay. Fue una experiencia, si no de soberanía popular, sí al menos de soberanía provincial, un anuncio de que en realidad la Banda Oriental prefería la secesión a la subordinación y que no serviría ni a España ni a Buenos Aires. Este acto de desafío podía haber sido un gesto sin sentido si no hubiera habido un líder con un propósito y una política. El éxodo dio a Artigas la indiscutible estatura de líder, la cabeza de un pueblo independiente, el guía en el cual miles de orientales confiaban. Después de esto cualquier relación con Buenos Aires se realizaría en un plano de igualdad: los orientales tomarían la asistencia ofrecida como iguales, no como las órdenes que se les dan a los inferiores .Los orientales del éxodo, en resumen, formaban el núcleo de una nación independiente.

El ejército portugués, huelga decirlo, no compartía estos sentimientos. No estaba dispuesto a retirarse de la Banda Oriental y ni Buenos Aires ni Montevideo podían forzarle a hacerlo. La única potencia capaz de influir en la política portuguesa era Gran Bretaña, cuyo aliado Portugal dependía para sobrevivir en da guerra contra Francia. Gran Bretaña era también aliada de España y tenía que apoyar la posición española en el Río de la Plata manteniendo a los portugueses a raya, en parte para preservar la alianza antifrancesa, en parte para proteger el comercio británico en la zona. El secretario británico de asuntos exteriores, Castiereagh, aclaró que quería «la evacuación incondicional de todas las posesiones hispanoamericanas» por parte de los portugueses, y esto reforzó la posición de lord Strangford, el ministro británico en Río de Janeiro, en sus tratos con el gobierno portugués . Forzó a los portugueses a aceptar los términos del armisticio con Buenos Aires y a sacar sus fuerzas de la Banda Oriental. En este caso, como en otros, los intereses británicos coincidían con los de los patriotas. Porque la Banda Oriental en sí no fue incluida como parte en el armisticio; de este modo, la evacuación portuguesa abrió el camino al retorno de los patriotas. Pero éstos pronto se encontraron con que el terreno no era suyo y que continuaban siendo desafiados por las fuerzas de Buenos Aires. En 1813 artiguistas y porteños asediaban Montevideo, que estaba en poder de los españoles. Fue una difícil alianza.

En Buenos Aires mandaban los centralistas, y eran ellos quienes controlaban la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas que se celebró a principios de 1813. Esta institución ordenó a la Banda Oriental reconocer su soberanía y enviar representantes. Los orientales se opusieron. El propio Artigas estaba fuertemente influido por la experiencia constitucional de los Estados Unidos; era también consciente de las implicaciones que para las economías locales tenía el centralismo porteño. Abogaba por la autodeterminación para cada provincia individual; éstas se aliarían en una laxa confederación, que con el tiempo quizá se convirtiera en una federación real . Pero el punto de arranque era la autonomía provincial. Las otras provincias del litoral compartían estos sentimientos y se alinearon con Artigas. Como era más capaz que los otros caudillos y ya dirigía un movimiento de liberación, se convirtió en el portavoz reconocido de la resistencia provincial contra el centralismo porteño. Él y sus compañeros orientales plantearon su posición en las «Instrucciones» que fueron debatidas en un congreso local y llevadas por los diputados de la Provincia Oriental a la Asamblea Constituyente . Mantenían una línea más militantemente antiespañola que la de Buenos Aires: pedían una declaración formal de independencia para las Provincias Unidas y redactaron una declaración en este sentido para la Provincia Oriental. Pero el tema crucial era la organización política. Las «Instrucciones» afirmaban la soberanía independiente de la Provincia Oriental, que retendría todos los poderes no expresamente delegados en un gobierno federal; y además pedían gobiernos separados para todas las provincias.

Las «Instrucciones» de 1813 eran el proyecto de un sistema en el cual las provincias tendrían plena soberanía; ésta incluiría la autonomía económica y también el poder de reclutar sus propios ejércitos. El armazón federal sería extremadamente débil, y el gobierno central despojado de todos los medios de controlar a las provincias. No era éste un verdadero federalismo. Reduciría al Río de la Plata a una aglomeración de miniestados gobernados por insignificantes caudillos y estancados en su propia incapacidad, como en realidad ocurrió en los años de anarquía de 1819-1820. El futuro de Argentina no iba en esa dirección, ni en la de un rígido centralismo. La actitud de Buenos Aires no era esperanzadora. La Asamblea Constituyente rehusó aceptar a los diputados orientales. Ello pareció confirmar toda la tesis de Artigas. Entonces se retiró del Sitio de Montevideo y, mientras Buenos Aires lo declaraba un proscrito, dedicó su atención a consolidar la independencia política de la provincia y a levantar en armas a la totalidad del litoral contra Buenos Aires. Montevideo se rindió a las fuerzas de tierra y mar de Buenos Aires en junio de 1814. Pero, con Artigas en abierta oposición y con elementos en Montevideo cooperando con la revolución exterior, ¿qué podía hacer Buenos Aires en la Banda Oriental? Alvear consideraba que una nueva monarquía o un protectorado británico eran preferibles a la anarquía federalista; pero estos desesperados e infructuosos planes tan sólo resaltaban la bancarrota política del régimen porteño . Como alternativa podía abandonar una insostenible posición, evacuar Montevideo y entregarlo a Artigas. Esto fue lo que ocurrió en febrero de 1815.

En 1815, Artigas al menos gobernaba en la Provincia Oriental, la Patria Vieja, como fue llamada . En el mismo año las provincias litorales de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, junto con Córdoba, se agruparon en una llamada Liga Federal y reconocieron a Artigas como el Protector de los Pueblos Libres, el líder de la lucha armada contra Buenos Aires . El «protectorado» en realidad no fue nunca más que una incómoda asamblea de caudillos locales, cada uno de los cuales miraba de reojo a su vecino, al igual que a Buenos Aires. Y era sólo en la Provincia Oriental donde Artigas gobernaba realmente. Incluso allí tenía poco en donde gobernar. Después de cinco años de guerra la provincia era casi un desierto. Los ejércitos habían recorrido de arriba a abajo el país; las fuerzas realistas, patriotas y brasileñas habían vivido del campo, ocupando las estancias, saqueando las propiedades y cazando las reses. «Inmensas cantidades de ganado fueron muertas para conseguir un ingreso de los cueros, y muchas más fueron destruidas como gratificación de los apetitos y de los intereses privados de oficiales y soldados.» Los propietarios rurales se refugiaron en las ciudades y la población trabajadora se dispersó. Las tierras cultivadas eran insuficientes para alimentar a la población, que particularmente tuvo que depender de las importaciones de cereales extranjeros. Pero el comercio también estaba deprimido y producía poco en ingresos o en beneficios del exterior. Montevideo había estado aislada del interior, y en las condiciones de la guerra la producción de esta zona había sufrido un receso.

Artigas intentó reparar la destrucción de la guerra y desarrollar de nuevo al país. Quería promover la economía de la totalidad del Río de la Plata sobre la base de la libertad de comercio para las provincias en general y para la Provincia Oriental en particular. Esto suponía el comercio con Gran Bretaña. En 1815 el comodoro William Bowles, comandante de la estación naval británica, pidió facilidades para los comerciantes británicos, y Artigas abrió los puertos de Montevideo y Colonia con la condición de que los comerciantes extranjeros comerciaran sólo en los puertos, no en el interior, y consignaran sus mercancías a mediadores nativos. Se desarrolló un activo comercio británico del cual el protectorado sacó beneficios en una escala que parecía justificar la firma de un convenio (2 de agosto de 1817) entre Artigas y los funcionarios británicos locales. Éste admitía «un libre comercio para todos los comerciantes ingleses», regulaba el comercio, y otorgaba a los ingleses mejores términos fiscales que aquellos de que gozaban otros comerciantes extranjeros. Aunque el gobierno británico no dio su autorización, Artigas hizo circular la regulación por sus puertos y se desarrolló un comercio mutuo sobre esta base . Pero Artigas estaba tan interesado en la distribución de la riqueza como en su creación.

La política social del régimen tenía unos claros matices radicales. El federalismo en sí mismo, por supuesto, tenía implicaciones sociales. La resistencia provincial al centralismo tenía un precio: significaba a veces impuestos sobre las propiedades rurales y en cualquier caso depredaciones militares en las propiedades y la producción. Había también problemas de reclutamiento. Los caudillos, como Buenos Aires mismo, intentaban atraerse a los esclavos negros ofreciéndoles una especie de emancipación. Artigas también apeló a los esclavos, en el sur del Brasil al igual que en su propia provincia. Esto alarmó aún más a los propietarios:

Sin duda existe una considerable fermentación provocada entre los esclavos por sus proclamaciones y por los ánimos que les ha dado, y es muy probable que muchos de ellos quieran escapar y unirse a su ejército.[...] El sentimiento general entre las gentes propietarias y de cierta consideración, no sólo de esta orilla del Plata sino de la opuesta, es contra Artigas, cuya popularidad, aunque considerable, está totalmente confinada a los bajos niveles de la comunidad y surge de aquellas mismas causas que le hacen más temido por las clases altas, porque no sólo permite sino que anima cualquier exceso y desorden de sus seguidores

En 1815 Artigas redactó un «Reglamento provisorio», un plan para promover la colonización agrícola mediante la concesión de tierras a los que quisieran trabajarlas, con preferencia para los negros, zambos, indios y blancos pobres, a todos los cuales se les otorgarían parcelas, si por su trabajo y honradez se sentían inclinados a su propia felicidad y a la de la provincia . Estas concesiones procedían de las tierras marginales no ocupadas y de las confiscadas a los realistas. Sin duda había razones económicas urgentes para el desarrollo agrario, y esto también puede verse en los decretos de Artigas obligando a los vagabundos a trabajar y urgiendo a las estancias a que volvieran a producir, todos los cuales eran intentos de reunir mano de obra y capital. Pero la reforma agraria era también una inversión social, la obra de un caudillo populista. La formación de grandes fincas en el siglo xviii había concentrado la propiedad en manos de unos pocos, elevado el precio de la tierra y empobrecido a la población sin recursos que no podía adquirir tierras. Fue para ellos para quienes Artigas legisló en 1815. Desgraciadamente sus intenciones rebasaban sus posibilidades. La regulación de 1815 hablaba de la redistribución de las propiedades de los malos europeos y peores americanos, que eran sólo los realistas de cada grupo . Pero hasta esta modesta reforma social alarmó a los estancieros, especialmente a los grandes propietarios absentistas de Montevideo. Y el radicalismo agrario de Artigas con el tiempo se enajenaría a la propia clase de la cual dependía cualquier movimiento político. En cualquier caso, desde 1816 Artigas tuvo que subordinar sus esquemas a las necesidades militares. La joven y heroica Patria Vieja tuvo un brutal final debido a una nueva oleada de invasores portugueses.

Los portugueses del Brasil nunca se habían conformado con su forzada retirada de la Banda Oriental en 1812. Continuaban dispuestos a extender sus fronteras hasta el Río de la Plata y seguían siendo lo bastante poderosos como para hacerlo. Poseían incluso mayores recursos que en 1812. El final de la guerra en Europa dejó disponible a una poderosa división de tropas veteranas bajo el mando del general Carlos Federico Lecór para servir en América. Al mismo tiempo quedó claro para los portugueses que tenían poco que temer de Buenos Aires. Ahora los centralistas porteños recibían con alborozo una oportunidad de destruir a Artigas y a sus federalistas, y Pueyrredón no tuvo escrúpulos en entrar en connivencia con Brasil contra el enemigo común . El pretexto fue casi una formalidad: Artigas había incorporado a la Provincia Oriental parte de la provincia de Misiones, reclamada por Portugal. Declarando que Artigas tenía una «influencia perturbadora», los portugueses la invadieron en agosto de 1816 . Las fuerzas superiores de Lecór avanzaron inexorablemente en dirección sur por tierra y por mar, prometiendo a los orientales paz y prosperidad como parte de un Brasil más grande. Artigas, con menos fuerzas y capacidad de lucha, se vio forzado a rendir Montevideo en enero de 1817 y a concentrar sus esfuerzos en el interior; allí dirigió una tenaz campaña de guerrillas.

Artigas tenía que combatir en dos frentes. Mientras los centralistas de Buenos Aires actuaban en colusión con sus enemigos en la Banda Oriental, también intentaban subvertir su posición en el litoral. Mediante una combinación de fuerza armada y diplomacia, Buenos Aires se esforzó por sacar fuera de la Liga Federal a los caudillos. El intento militar fue un fracaso. La salvaje caballería montonera y las guerrillas gauchas de Santa Fe y Entre Ríos derrotaron a los ejércitos porteños y tomaron la ofensiva contra Buenos Aires, derrotando a los centralistas en Cepeda (1 de febrero de 1820) . Estas victorias contrastaban vívidamente con los descalabros que sufría el Protector. Los portugueses infligieron una decisiva derrota a sus fuerzas en Tacuarembó el 22 de enero de 1820, y Artigas con el resto de sus fuerzas tuvo que retirarse a través del río Uruguay hacia Entre Ríos. Ahora las posiciones se habían invertido; la victoria contra Buenos Aires realzaba la estatura de los caudillos federalistas y los colocaba fuera del control de Artigas. Después de Cepeda, López y Ramírez eran líderes poderosos e independientes, árbitros de la política en el litoral; y no tenían más deseos que Buenos Aires de verse implicados en la guerra de Artigas con Brasil. Artigas no formó parte del interprovincial Pacto del Pilar, y en las discusiones que siguieron «apenas se le mencionó» . Ahora tuvo que sufrir la dura lógica del provincialismo cuando sus propios colegas provinciales se separaron de la Liga Federal. Pronto los caudillos le fueron abiertamente hostiles, y el Protector de los Pueblos Libres se quedó sólo con el apoyo de Corrientes y Misiones . Ramírez aceptó armas procedentes de Buenos Aires y se volvió con fuerza salvaje contra su antiguo aliado, derrotándolo en el campo de batalla, y empujándolo hacia las soledades del norte de Corrientes. El 5 de septiembre de 1820, Artigas cruzó el río Paraná yendo hacia Paraguay en busca de un refugio temporal. El dictador doctor Francia insistió en que el asilo debía ser permanente. Artigas no volvió jamás al mundo exterior, y murió en Paraguay treinta años más tarde.

Mientras las provincias del Río de la Plata combatían ruinosamente entre sí, las fuerzas portuguesas de ocupación se aseguraron el control del territorio conquistado. En julio de 1821 un Congreso Oriental subordinado al nuevo régimen votó la incorporación de la Provincia Oriental al imperio portugués como Estado Cisplatino, y al año siguiente se convirtió en una provincia del Brasil independiente bajo el gobierno relativamente ilustrado, aunque absolutista, del general Lecór. Éste tenía el apoyo de muchos de los más ricos estancieros, posiblemente alarmados por el primitivo populismo de Artigas, tranquilizados por los valores sociales señoriales del Brasil, y satisfechos por la vuelta de la ley y el orden al campo . Incluso tuvo un apoyo mayor de los comerciantes de Montevideo que recibieron con alborozo la vuelta de la estabilidad y se prepararon para beneficiarse de la política de puerto abierto. Estos años dorados del Estado Cisplatino sólo se vieron estropeados por dos cosas: la duradera, aunque adormecida, exigencia del territorio por parte de Buenos Aires, y la supervivencia de un movimiento de resistencia entre los propios orientales.

Artigas fue una víctima de sus propios ideales, destruidos por el mismo provincialismo que había ayudado a crear. Pero en su patria dejó un programa y un núcleo de un movimiento de independencia y esto no podía ser destruido. Juan Antonio Lavalleja, un oficial de Artigas y veterano de las guerras patrióticas, fue el primero en revivir la idea de liberación. Después de un fracasado intento de provocar una revuelta en Tacuarembó, huyó hacia Buenos Aires y allí formó una organización revolucionaria en el exilio. Las noticias de Ayacucho (diciembre de 1824), la última gran victoria del ejército de Bolívar, dio rienda suelta a un torrente de fervor nacionalista en Buenos Aires; ahora la Provincia Oriental era la única parte de la Sudamérica española que estaba bajo dominio extranjero. Mientras Buenos Aires preparaba la guerra con Brasil, los propios orientales dieron el primer golpe. Un grupo de voluntarios dirigidos por Lavalleja, los Treinta y Tres Orientales, cruzaron el Río de la Plata en barcas el 19 de abril de 1825 y desembarcaron cerca de Colonia para activar el latente movimiento de resistencia en el interior. Los patriotas proyectaban algún tipo de autonomía todavía no muy definida: su dependencia del apoyo de Buenos Aires les impedía hablar de independencia absoluta. La expedición de los Treinta y Tres fue privadamente financiada por un grupo de estancieros de Buenos Aires dirigidos por Anchorena. ¿Era ésta una inversión para el futuro? ¿Aspiraban los estancieros porteños a continuar controlando a un competidor? El gobierno porteño tenía objetivos muy claros. Desde octubre de 1825 empezó a financiar y a apoyar a los patriotas, no para la independencia sino para la unión con las Provincias Unidas. A despecho de su ambigüedad política, la revolución pronto dominó el campo, extrayendo al principio sus apoyos de los gauchos y de los pequeños estancieros; pronto el dominio de Brasil quedó confinado a las ciudades, y Lavalleja se convirtió en gobernador de la Provincia Oriental. Brasil respondió declarando la guerra a las Provincias Unidas en diciembre de 1825.

Así, a finales de 1825 había tres fuerzas en la Provincia Oriental: Brasil, que combatía por conservar su nuevo dominio; Buenos Aires, para incorporar la zona a las Provincias Unidas; y los orientales, para conseguir el autogobierno dentro de una confederación argentina. Dos factores cambiaron la situación en favor de la independencia absoluta del Uruguay. En las Provincias Unidas la constitución centralista de 1826, promulgada por el presidente Rivadavia, era una fachada y una provocación . Fue rechazada por las provincias y por los federales del propio Buenos Aires. Y exponía descarnadamente las pretensiones de los centralistas porteños, y su debilidad. Rivadavia tuvo que retirar sus fuerzas de la Provincia Oriental para luchar contra los federales en su propio terreno. Cuando perdió la batalla por el poder central, la autonomía provincial ganó fuerzas. Fructuoso Rivera, hijo de una de las más ricas familias de terratenientes de la Provincia Oriental, aprovechó la oportunidad para encaminarse hacia la completa independencia. Rivera era un antiguo oficial de Artigas y después del colapso del esfuerzo de guerra oriental se había sometido a los portugueses en 1820. A principios de 1828, reclutó una fuerza de guerrillas procedente de la Provincia Oriental y del litoral, avanzó a lo largo del río Uruguay y conquistó la brasileña Misiones. Por fin los orientales tenían algo con que negociar.

Mientras tanto, Brasil y las Provincias Unidas habían dejado exhaustos sus recursos militares y combatían hasta el agotamiento. El resultado fue un punto muerto; la balanza del poder estaba demasiado equilibrada entre los dos países para que uno de ellos consiguiera una clara victoria. Así, debido a la falta de alternativas, la Provincia Oriental surgió como nación independiente de sus dos grandes vecinos. El vehículo de la independencia fue la mediación británica que se inició en 1826 y reforzó los esfuerzos militares de los patriotas. Como en 1812, Gran Bretaña tenía «motivos de interés propio al igual que benevolencia» para buscar una fórmula de paz . La guerra estaba perjudicando el comercio británico en el Atlántico sur y los comerciantes sufrían graves pérdidas debido al bloqueo brasileño de Buenos Aires y al aumento de la piratería. Y políticamente Canning daba una curiosa importancia a la conservación de al menos una monarquía en las Américas, salvando a Brasil de sí misma y de sus vecinos republicanos. Gran Bretaña tenía una considerable influencia sobre los gobiernos de Río de Janeiro y de Buenos Aires, pero no había sido capaz de impedir la guerra y encontraba dificultades para restablecer la paz. En 1826 Canning envió a lord John Ponsonby para buscar una solución . Él aconsejó pragmatismo y evitar toda discusión de «legítimos derechos abstractos», porque, como decía, «el valor de Montevideo para cada parte, consiste menos, tal vez, en el positivo beneficio que pueden esperar se derive de su posesión que en el perjuicio que ellos tienen de su posesión por el contrario» . Canning consideraba la posibilidad de independencia para Montevideo, pero sin gran confianza; sin embargo Ponsonby se convenció pronto de que los orientales estaban ya listos para la independencia: «Es un hecho indiscutible que a los orientales les gusta todavía menos estar sujetos a Buenos Aires que al Brasil, y que la independencia es su deseo más querido» . A finales de octubre de 1826 Ponsonby había persuadido a Buenos Aires para que le permitiera un acercamiento a Brasil con una fórmula de independencia, aunque no podía ofrecer una garantía británica para la existencia del nuevo estado. Con el emperador del Brasil, sin embargo, no tuvo éxito, y en noviembre Canning dio instrucciones a Ponsonby para que se mantuviera apartado y permitiera que el paso del tiempo devolviera la sensatez a los beligerantes, ya que «los sucesos de la guerra quizá agotarían y dejarían exhaustas a ambas partes» . Era un consejo razonable. En el curso de 1828 Ponsonby pudo explotar el punto muerto militar y llevar a las dos potencias a la mesa de negociaciones sobre la base de la independencia de la Provincia Oriental.

Ahora los orientales de fuera de Montevideo y Colonia eran de hecho libres y se gobernaban a sí mismos. Fue un reconocimiento de los hechos el que Brasil y las Provincias Unidas firmaran un tratado de paz (27 de agosto de 1828), declarando la independencia de la Provincia Oriental . En 1830 el Estado Oriental del Uruguay tuvo su primera constitución, que culminó y completó la lucha por la independencia . Las pasadas diferencias políticas -tanto acciones como opiniones- se declararon anuladas; esta amnistía aparentemente generosa era una muestra de legislación clasista, porque pretendía beneficiar a los miembros de las clases altas que habían 42. colaborado con Buenos Aires o Brasil. En otros aspectos también esta sedicente constitución liberal era un documento socialmente conservador que estaba lejos de los ideales de Artigas. Hablaba de un gobierno representativo, pero en él sólo estaba representado un pequeño sector de la sociedad. Ciertas categorías, comprendiendo aquellos que habían soportado el peso del servicio activo de las guerras de independencia, fueron específicamente excluidas del sufragio: peones, vaqueros, trabajadores asalariados, soldados rasos y vagabundos -un término lo suficientemente vago como para cubrir la totalidad de la población gaucha- se vieron desprovistos del derecho al voto. Para ser diputado o senador un hombre tenía que ser propietario con un capital de 4.000 o 10.000 pesos respectivamente, o tener una profesión, ocupación o cargo que le produjera una renta equivalente. En 1842 menos del 7 por ciento de la población de Montevideo, e incluso todavía menos en el campo, votaba en las elecciones nacionales. Habiéndose asegurado del control del estado, la clase dominante del Uruguay se las arregló para que éste tuviera poco que hacer. Las diversas libertades inscritas en la constitución de 1830, libertad de comercio, de opinión y de prensa, la abolición del mayorazgo y de los fueros eclesiástico y militar, todas esas clásicas medidas liberales crearon un sistema de laissez-faire que tenía poco sentido para las masas populares. Y nunca más se volvió a oír hablar de la reforma agraria iniciada por Artigas. Sólo la abolición de la trata de esclavos y el final de la esclavitud fueron un débil eco de los ideales del precursor.