Obstáculos en el camino de la organización del país
Puntos principales
-Escasa población
-Malas comunicaciones -Monocultivo ganadero
-Latifundio v desorden en la propiedad de la tierra -Producción primitiva y consumo civilizado -Balanza comercial desfavorable -Debilidad financiera del Estado -Dependencia de los impuestos aduaneros
-Gastos de guerra y, poca atención a la salud -v la educación
-Oposición campo-ciudad
-El gaucho y el caudillo -El comercio ~~ los doctores -Inexistencia de clase media -Falta de madurez política -Internacionalización de los partidos -Injerencia extranjera
El listado anterior no es exhaustivo aunque pueda parecer exagerado. Sólo quiere ser un recuento prolijo de los obstáculos iniciales y particularidades que debió superar el país para empezar su camino independiente.
Población
Empecemos por el hombre. En 1800, según Félix de Azara, la población de la Banda Oriental era de 30.000 habitantes. En un padrón de 1829, se contaban 17.000 habitantes en Montevideo, con un desequilibrio muy grande entre los sexos pues había 6.600 hombres y 10.000 mujeres (el número global incluía 2.500 esclavos).
En 1830, se estimó la población total del país en 74.000 habitantes: 14.000 (19%) en Montevideo y 60.000 (81%) en la campaña. La densidad resultante, 1 habitante cada 2.5 km cuadrados, por baja, explica la escasa urbanización, la pobre sociabilidad rural en campos casi desiertos y el debilísimo mercado interno, incapaz de sostener ninguna industria.
Sociedad
Desde el punto de vista social, el nuevo país tenía un dualismo marcado: Montevideo-campaña.
La ciudad europeizada frente a una campaña semi-bárbara, la ciudad comerciante frente al campo productor, eran rasgos generadores de un agudo antagonismo, que se tradujo en las largas luchas entre "caudillos" y "doctores".
La campaña estaba habitada por el gaucho, habituado a la libertad y con pocas necesidades para satisfacer (con más frecuencia mediante el contrabando o el robo de animales que por el trabajo, no abundante en un medio donde primaba la ganadería extensiva). La carencia de una clase media de agricultores y estancieros pequeños que diera estabilidad al medio, la soledad de los campos creada por los numerosos latifundios, la facilidad de la obtención del alimento (ganado al alcance de la mano, sin marca y sin cerco), el desorden provocado por dos décadas de guerra, el odio a la autoridad (española, porteña, portuguesa, brasileña), siempre represiva: todo ello contribuyó a crear un clima de hostilidad a la ciudad, de donde venían las órdenes, los reglamentos, las trabas a una libertad personal que se consideraba como el máximo bien, en una escala de valores reducida.
Documentos 3.1
Charles Darwin en su libro "Viaje de un naturalista alrededor del mundo" describió la situación de la campaña oriental hacia 1832
"Al día siguiente llegamos al pueblecillo de las Minas. [...] La comarca está tan poco habitada, que apenas encontramos una sola persona durante un día entero de viaje. El pueblo de las Minas aún es menos importante que Maldonado [...].
Pasamos la noche en una pulpería o taberna. Gran número de gauchos acuden allí por la noche a beber y a fuman. Su aspecto es muy chocante: suelen ser fornidos y guapos, pero llevan impresos en la cara todos los signos del orgullo y de la vida relajada; muchos de ellos gastan bigote y cabellos muy largos, ensortijados por la espalda. Sus vestidos, de colores chillones; sus grandísimas espuelas resonantes en los talones; sus cuchillos, llevados en el cinto a modo de dagas (de los cuales hacen tan frecuente uso), les dan un aspecto muy diferente de lo que pudieran hacer suponer su nombre de gauchos o simples campesinos. Son en extremo corteses; nunca beben sin pediros que probéis su bebida; pero mientras os hacen un saludo gracioso, puede decirse que están dispuestos a asesinaros si se presenta la ocasión... " .
[En: Juan E. Pivel Devoto, Alcira Ranieri de Pivel Devoto, Historia de la República..., ob. cit., p. 228].
El gaucho se expresó por el caudillo, suma de pericia y coraje, al que se adhería por admiración varonil y espontánea. Él fue centro de autoridad aceptada en el campo, tanto más cuanto se oponía o tamizaba a la que provenía de la capital. Si caudillo y gobernante eran la misma persona (Fructuoso Rivera), el Estado se hacía obedecer: si no lo era, la vida política de la ciudad y de la campaña corrían por carriles separados y con frecuencia se enfrentaban.
En la ciudad, la actividad comercial, que fue su esencia, marcó la vida económica, política y cultural. Abierta al mundo, las influencias ideológicas y de la moda europea calaron hondo en una burguesía que se iba enriqueciendo y aprendiendo a manejar el Estado a través de sus hijos doctores, como había manejado sus negocios familiares (estancia, comercio de importación, saladero, barraca, barcos). Miró a la campaña como sede de "barbarie", y al gaucho como residuo del indígena salvaje que debía desaparecer para que la "civilización', que entendía representar, se asentara definitivamente en el país. Ello implicaba orden, autoridad, sujeción a la voluntad de los hombres cultos ("los doctores") de la ciudad.
Comunicaciones
Similar era la realidad de comunicaciones y transportes. A pesar de no tener accidentes geográficos relevantes, la falta de caminos y puentes era casi total (ni pensar todavía en el ferrocarril) y durante el invierno las carretas, diligencias y hombres a caballo no podían sortear muchos ríos. Por ejemplo, el río Negro cortaba en dos a la República, y la parte norte del territorio hallaba más fácil comunicación, comercio y salida con Brasil que con su propia capital, Montevideo. Esta, todavía a mediados del siglo XIX, se comunicaba con los departamentos a través de dos correos terrestres mensuales (que trasmitían las disposiciones ordinarias del Gobierno Central). Desde el litoral, aprovechando el río Uruguay, se demoraba 48 horas en "bajar" a la capital (desde Paysandú, 400 km), mientras que la diligencia que venía de Rivera -con pasajeros agotados- demoraba 6 ó 7 días para cubrir su distancia de 500 Km.
EconomíaA este primitivismo correspondía la explotación ganadera, que determinaba la estructura económica del país. A la "caza" del ganado libre ("orejano"), sucedió la estancia cimarrona, donde se imponía al animal un matiz de mansedumbre aquerenciándolo en la zona, para luego cuerearlo. Algunos estancieros introdujeron tímidas prácticas de rodeo, castración y marca, que producían vacunos destinados a los saladeros. En cualquier caso, la ganadería fue extensiva y los latifundios predominaron en el campo, desarrollando una explotación donde había un vacuno por hectárea o hectárea y media, y un hombre cada 3,4 ó 5.000 vacunos. Las guerras revolucionarias habían acentuado el desorden en la propiedad de la tierra y del ganado: ausencia de títulos, límites imprecisos, propietarios españoles emigrados que reclamaban sus tierras, donatarios artiguistas temerosos de expulsión por deber su propiedad a la Revolución, carencia o confusión de marcas de ganado; todo ello demoraría aún muchos años en solucionarse. Mientras, la que sufría era la única riqueza que tenía el país: la producción de ganado vacuno, debida, y esto debe subrayarse, a que la Naturaleza proporcionaba su sustento, pasto y agua, y no el esfuerzo del hombre.
La agricultura era mínima, pues el alimento básico y casi único en el interior era la carne vacuna. Había chacras en los alrededores de los centros poblados, y especialmente de Montevideo, que abastecían la escasa demanda de trigo y hortalizas.
La industria se limitaba a pocos saladeros que elaboraban los cueros, carne salada (tasajo) o seca (charque) y sebos para la exportación. El ganado criollo era huesudo, de cuero pesado y resistente. lo que convenía a esta primitiva industrialización. Los cueros iban a Europa, y las carnes saladas servían de alimento a los esclavos negros de Brasil y Cuba. En la Colonia se había iniciado esa inserción del comercio internacional del país y la independencia no cambiaría nada en este plano por largos años.
En 1830, la exportación fue de $ 2.500.000, de los cuales el 70% se debió a los cueros ($ 1.800.000); el 15% al tasajo ($ 400.000), y el resto a sebos, grasas y crines. El país dependía de un solo tipo de productos (los derivados de la ganadería) y de pocos compradores (Inglaterra, con $ 700.000; Brasil, con $ 400.000). Desde su origen, entonces; fue monoproductor y dependiente.
Pero si se producía en forma primitiva. Montevideo, puerto de mar y abierto a las influencias, modas e ideas europeas, ya había adoptado hábitos de consumo correspondí ente a países europeos del siglo XIX. En 1829 se importó mercadería extranjera por $ 2.500.000 y de ellos correspondieron $ 800.000 a vino español y telas inglesas. Producción primitiva y hábitos de consumo civilizados producían un desequilibrio evidente en la balanza comercial: en 1829-1830 se compró por valor de $ 5.277.000 y se exportó por $ 4.470.000. Se pagó el saldo en oro y el país comenzó a endeudarse.
Finanzas
La situación financiera del naciente Estado se correspondía con los pobres recursos del país. Ante una población escasa y- en su gran mayoría indigente, las fuentes impositivas se angostaban. La única riqueza de importancia -tierras y ganados- abonaba mínimos impuestos por la total ausencia de contralor estatal y por la fuerte oposición de los grandes hacendados a pagar.
Sólo quedó como gran recurso el comercio exterior: la situación privilegiada de un Montevideo donde entraban productos europeos para el país y buena parte de la cuenca platense (el "comercio de tránsito") y salían cueros v tasajo de las fecundas praderas uruguayas para Europa N- América. también fue aprovechada por un Estado ávido, que vivió muchos años de los impuestos de aduana. En 1829, por ejemplo, de un total de ingresos que no alcanzó a 1 millón de pesos, más de $ 700.000 correspondieron a los derechos aduaneros (78%). Atado a casi una sola fuente de ingresos, el Estado fue vulnerable a los sectores que se los proporcionaron a lo largo de todo el siglo (“alto comercio”, importadores, saladeristas, barraqueros).
Si por el lado del ingreso la situación era difícil, no lo fue menos por el del egreso. El Presupuesto General de Gastos de 1831-32 ascendió a $ 700.000; de ellos, el Ministerio de Guerra absorbió los dos tercios en pago de sueldos, retiros, pensiones y armas. Es cierto que se salía de 20 años de guerra revolucionaria, que culminó con la independencia nacional, lo que explica el desmedido tamaño del ejército para los recursos del país_ pero también lo es que el sobrante para atender otros gastos del Estado (jueces. 0.06%: instrucción pública, 0,02%; salud. 0,002%) por muchos años fue irrisorio.

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